Peaje en la AP-7, Valencia, Lunes 23 de Julio del 2007. Entre la multitud de furgonetas, Renaults y Mercedes antiguos con matrícula francesa, cargados hasta los topes destino Algeciras, empiezo a distinguir otro tipo de peregrino. Su maletero, el coche entero, rebosa chips, cables, discos duros, pantallas de plasma y GB de información. Su peregrinaje es muy distinto, pero no menos religioso.
Valencia acoge, por undécima ocasión, uno de los encuentros de entretenimiento electrónico mas importantes del mundo, la Campus Party. Durante una larga semana aficionados a la astrología, la robótica, enamorados de la creación digital, desarrollares de software, gamers, locos por la simulación, defensores del software libre o artistas del modding, dormirán en el mismo sitio, comerán en la misma bandeja y se conectarán entre ellos formando una red de más de 6.000 ordenadores.
Pabellón 1, fila 121, puesto 52. Un silla de plástico con una pequeña almohada, un cable Ethernet y una toma de corriente es lo que encuentro, de hecho, todo lo que necesito durante los próximos siete días. Estoy dentro.
Sólo tengo que hacer una búsqueda y un click para empezar a bajarme algo, a una velocidad media de 50Mb/s, las películas se bajan en medio minuto. No sé si es lo gratuito, la gula o el afán coleccionista, no entiendo por qué necesitan días de porno o miles de pelis que no verán en su vida, pero engancha. Como el canal de chat donde puedes ofrecer o encontrar cualquier cosa, desde un compañero para jugar una partida, droga o unas braguitas usadas.
Es la primera noche y la gente tiene ganas. Suena una trompeta y, como inmersos en un mantra contagioso la gente se levanta y empieza a chillar, creando una potente marea. Durante toda la semana estos momentos de euforia se repetirán sin previo aviso.
Torneos de Quake, Counterstrike, Warcraft o FIFA se desarrollan en silencio, a distancia, y concluyen en un estallido local que se convierte en colectivo. Muchos pensaran que sólo son niños jugando, pero hay verdaderos profesionales. Gente que entrena una media de 15 horas semanales que, patrocinados por marcas de hardware, viajan por el mundo poniendo a prueba su talento. Si deporte es ejercitar músculos, cuál mejor que el cerebro. La industria del videojuego ya ha superado al fútbol, al cine o a la música. Halo 3 se funde a Harry Potter y a Spiderman en 3 días. La generación Atari ya va por los 30 y no ha dejado de jugar, consolas como la Wii abren mercado y seducen a los que no habían cogido un mando en su vida.
Callejeando entre los estrechos pasillos veo como, poco a poco, la gente empieza a definir su zona. Latas de Coca-cola, cajas de pizza, bobinas de DVD's, sacos de dormir, mascotas, cables, mas cables... Han empezado a crear su nido y el ordenador es, en todos ellos, el huevo pródigo. La zona Modding es la más espectacular: neones, torres transparentes, refrigeraciones líquidas, ordenadores con forma de Tetris, de barco pirata, dentro de un microondas... La creatividad rebosa pero el gusto estético, como en el tunning de cuatro ruedas, deja bastante que desear.
Durante la semana el ritmo no decae. Las jornadas son de 24 horas, la gente come y duerme delante del ordenador. Chatear, navegar, programar, jugar, bajar pelis, mirar pelis, quemar pelis... También se realizan varias actividades que van desde la observación astrológica, competiciones de robots, rallies fotográficos, conferencias tecnológicas... hasta partidas de paintball en el stand del ejército. Si, entre Google, Microsoft, Blizzard, Telefónica o Intel, destaca el stand del ejército. Ridículos, descontexualizados con el uniforme y tanta medalla, pero su presencia aquí es, desgraciadamente, una gran jugada. Todavía suena a ciencia ficción, pero los primeros aviones no tripulados ya sobrevuelan Irak. Si buscan soldados virtuales, quién mejor que un pro del CounterStrike.
La noción del tiempo se difumina. Algunos lo comparan con un monasterio, con un convento de clausura. La luz del sol prácticamente no entra en el pabellón, el murmullo y los gritos se graban en mi interior. Termino exhausto pero totalmente convertido.
Si la tecnología es el nuevo opio del pueblo, los geeks dominaran el mundo, si es que no han empezando a hacerlo ya.
Amén.
Roc Herms | 2007
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